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miércoles, 13 de febrero de 2013

Prevención en tiempos de crisis

De un tiempo a esta parte, especialmente desde que a los gobernantes les ha poseído la necesidad de recuperar el tiempo que no dedicaron en la infancia a hacer recortables, nos van llegando noticias de diferentes lugares de la geografía española, informando de la desaparición de muchas actuaciones en prevención de adicciones que estaban funcionando.

Los motivos aducidos para esta desaparición son, como en otros ámbitos, de carácter puramente económico. Pero, llevando un poco más allá el análisis, sólo aparecen dos posibles explicaciones para esto.

La primera sitúa a quienes están acabando con los programas preventivos como ignorantes. Ignorantes de qué ocurrió hace treinta años en España, cuando un alto índice de paro juvenil se concentraba en chavales de estratos sociales más bien bajos. Ignorantes de qué es la prevención de adicciones, su función y su proyección en el tiempo; pretender medir el efecto que la prevención tiene a corto plazo es como poner una semilla hoy y esperar a que salga un melón mañana; y no por eso se plantea nadie que plantar melones sea una actividad poco rentable. Ignorantes, porque, entre otras cosas, deberían haberse informado de que los países que invierten en prevención de una manera sólida -hablamos de prevención bien hecha, claro-, reducen de manera ingente los costes en tratamiento y reinserción, siendo mucho más rentable a largo plazo. Ignorantes, en suma, de los efectos que a largo plazo puede tener el acabar con estos programas.

La segunda, sin embargo, los describe como irresponsables. Irresponsables a los que les importa más ahorrarse hoy cuatro, para tener que invertir dentro de unos años cuarenta. Irresponsables porque no se plantean el efecto que eliminar los programas de prevención va a tener en el futuro de sus jóvenes. Irresponsables porque no pueden, ni saben, ni quieren dar una respuesta coherente a los problemas que se van a encontrar en el futuro. Irresponsables porque hipotecan a una o varias generaciones en aras de invertir ese dinero en pagar deudas. Irresponsables porque eliminan, de un plumazo, programas que muchos profesionales han contribuido a poner en marcha, desarrollar, perfeccionar y mantener, en ocasiones a costa de esfuerzos denodados, no reconocidos, ni bien pagados. Y el mayor problema es que, como en tantas otras cosas en nuestro país, cuando unos años después se vislumbren los efectos devastadores que tuvieron estas decisiones, nadie -insisto: NADIE- asumirá su responsabilidad.

Hay una tercera posibilidad, pero prefiero no pensar que estén interesados en que todo lo anterior ocurra, para obtener algún tipo de beneficio.

Lo cierto es que quienes están tomando estas decisiones nunca tuvieron ni puñetera idea de drogas, ni de adicciones, ni de prevención. Lo cierto que es que nunca asumieron verdaderamente la responsabilidad de una política preventiva coherente, diversificada y que apuntara a la reducción del problema, teniendo en cuenta que el problema no son las drogas, sino las adicciones. Y, por todo lo anterior, igual es hasta coherente que estén dejando esto como un erial...


1 comentario:

  1. Interesante reflexión, blog más que recomendable.

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